El marxismo de Agustín José Tosco….


Afiche de la campaña de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre por la libertad de Tosco, quien integraba su dirección nacional

Agustín José Tosco, el “gringo” Tosco, es una de las personalidades más significativas de la generación de dirigentes obreros y populares formados en los años de la Resistencia al golpe gorila del ‘55, impactados plenamente por la Revolución Cubana del 1º de enero de 1959 y protagonistas de las grandes luchas de masas que hicieron del período transcurrido entre 1969 y 1976 el de mayor ofensiva popular en procura de cambios revolucionarios.

Su figura se identifica plenamente con el Córdobazo, la sublevación obrera y popular del 29 de mayo de 1969 que marcaría el comienzo de la etapa de ofensiva y la muerte de la etapa Onganía de la dictadura instaurada en 1966.

Por su participación en el cordobazo fue detenido y condenado a ocho años y tres meses por un Tribunal Militar, pero el Córdobazo había herido de muerte a la dictadura que lo tiene que liberar el 6 de diciembre de ese mismo año.  Al llegar a Córdoba grita su historico: “Abajo la dictadura, el pueblo es quien nos ha liberado”

En 1970 asiste a la asunción del mando de Salvador Allende en Chile, con quien entabla una amistad durarera.  En marzo de 1971 se produce el Víborazo, reedición amplíada del Cordobazo y un mes más tarde, el 28 de abril de 1971, es nuevamente encarcelado; y esta vez será por 17 meses.

Estando preso es reelecto secretario general de su sindicato en setiembre de 1971 y adjunto de la C.G.T. en abril de 1972.  En agosto de 1972 se produce la fuga y masacre de los presos de Trelew, cárcel donde él estaba alojado, hecho que lo marcaría definitivamente. En setiembre es liberado por una dictadura ya agonizante.

En marzo de 1974 se produce el golpe contra el gobierno cordobez de Obregón Cano.  En setiembre son asesinados Atilio López y el abogado Ricardo Curuchet. En octubre intervienen su sindicato y pasa a la clandestinidad hasta  su muerte el 5 de noviembre de 1975 por una infeccíón mal curada.

Es en esos años tan trascendentes que Tosco elabora, con su práctica y la reflexión teorica, lo fundamental de su aporte al sindicalismo y el pensamiento transformador argentino.

Preguntado como se definiría ideológicamente contesto que como “marxista-socialista.  Los fundamentos que tento están elaborados en base al materialismo dialéctico.  En lo político estoy por la unidad de las fuerzas de distintas tendencias, sin discriminaciones ideológicas, pero siempre que coincidan con el progreso yla liberación nacional de los argentinos”.

Pocas veces se menciona la dimensión marxista de Agustín Tosco.  De uno de los más creativos  y originales de los marxistas argentinos de la década del ‘70.  De los que lo entendieron como un pensar y un actuar para derrotar el capitalismo y no como un adorno cultural o una biblioteca de recetas magistrales.  Como lo quería el Che, a quien Tosco tanto admiraba y con quien lo unía la dimensión humanista de su marxismo.

Para valorar plenamente la profundidad de sus reflexiones hay que aproximarse a él como un hombre de su época, a uno de los protagonistas principales del período más alto de la lucha de clases en la Argentina

Un hombre, que sin ser orgánicamente de ninguna fuerza política, y de tener fuertes lazos con toda ella (de quien recibía su influencia) llega a elaborar, si no una propuesta política completa y suficiente propia, aportes a una estrategia muy creativos y eficaces.

El Tosco que pretendemos rescatar es el del compromiso ético con los trabajadores y la defensa inclaudicable de sus derechos contra las variadas formas de Conciliación de Clases y el Pacto Social; el que propone un Proyecto Político revolucionario y no solo sindical para la clase; el que reivindica la Hegemonía en un bloque popular y no la participación subalterna en un frente democrático nacional o el estéril autoaislamiento de secta; el que practica la Unidad de los Revolucionarios y la izquierda contra el hegemonismo y el vanguardismo que disparaban la dispersión y los enfrentamientos en el campo popular.

Compartió con los comunistas la construcción de la Comisión Nacional Intersindical y el Encuentro Nacional de los Argentinos; apoyó la candidatura peronista de Atilio López para la vicegobernación de Córdoba en 1973; participó en la realización de los Plenarios Antiburocráticos y de los Congresos del Frente Antimperialista y por el Socialismo que impulsaban el P.R.T. y Roberto Santucho en tanto que su abogado y amigo era el radical Hipolito Solari Irigoyen.

Integró por años la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, de quien dijo en una sesión de su Consejo Nacional de 1973: La Liga ha sido un faro de luz en la historia de nuestro país, en los momentos más oscuros, levantando la esperanza en la elevación de los compañeros, señalando la posibilidad concreta de defender los derechos humanos, las libertades públicas y democráticas.”

¿Era un ecléctico o un oportunista que ponía un huevito en cada canasta a la espera de una recompensa de los exitosos?  Ni mucho menos.  Defendía la misma concepción y propuestas en todos y cada uno de los ámbitos: Unidad de los revolucionarios, de los clasistas, de las fuerzas populares..

Tosco se formó como dirigente en un ambiente político donde casi todos los sectores le asignaban un rol determinante a los trabajadores, pero él desnuda que no se trata de la importancia que se les asigne en el proyecto (columna vertebral del movimiento decían los burócratas) sino del carácter del mismo.

Es en este tema que realiza su aporte más trascendente: el del Sindicalismo de Liberación, al que define como opuesto al “participacionista o adaptacionista que se mueve en forma dependiente y referencial al sistema” y que es el “que ha comprendido que debe ser un factor en la lucha por la liberación nacional.  Es el que atiende tanto la defensa de los derechos y reivindicaciones de carácter inmediato de los compañeros”...como el  “que plantea la transformación revolucionaria de las estructuras, y que reclama en lo inmediato que los grandes medios de producción y las palancas fundamentales de la economía sean de propiedad estatal y no privada”.

No es la suya una propuesta presa de lo institucional: “el sindicalismo de liberación debe actuar en todos los terrenos, institucionales o no”; ni que propone esperar el cambio de fuerzas en el movimiento obrero (léase la C.G.T. única) para que la clase juegue su rol: “El sindicalismo de liberación asume su papel político general en la capacidad de vanguardista, en unidad con los demás sectores populares, políticos, económicos y sociales…”.  Es decir en la lucha política, en el movimiento real de la lucha de clases.

Este conjunto de ideas y conductas, aparentemente disconexas, encuentran un eje articulador en su compromiso ético fundamental: en la defensa inclaudicable de los intereses de los trabajadores y el pueblo.  Por ello es que reclama, en primer lugar, la unidad de la izquierda en el propio movimiento obrero, en defensa de los metalúrgicos de Villa Constitución, del Sitrac Sitram y de su propio gremio tanta veces intervenido.  Por ello es que aporta a la unidad popular contra el golpe en gestación.  Por ello es que se compromete con variados intentos de gestar alternativa política desde su propia practica de un sindicalismo de liberación.

Porque el marxismo de Tosco no es un marxismo de libros y serenos ámbitos académicos.  Como el Che al que tanto lo ligaba su humanismo, su entrega ilimitada y su compromiso con el “hombre nuevo”, es el suyo un marxismo de acción y conductas revolucionarias, de huelgas y prisiones, de pasiones y sufrimientos.

Y ese es el Tosco más trascendente, el que sigue siendo ejemplo a seguir más allá que los 20 años de neoliberalismo nos obliguen (como él mismo hizo tantas veces) a reformar de modo nuevo las tareas y estrategias revolucionarias.

Porque todo puede volver a empezar.  Porque para recrear la esperanza hay que sentir con Tosco que :  “Las victorias más importantes y valiosas son las que se obtienen sobre las propias debilidades.   A partir de allí todo es posible.  Lo que va contra uno mismo, lo que choca contra el propio ser es lo que destruye.  Por eso también Ulyses Mc Daniel se afirmaba a sí mismo al exclamar: “ si alguna vez quebrara mis troncos.  O claudicara junto a mis compañeros.  Este juramento me matará…”  El ser o no ser de Hamlet se plantea en todo momento.  En cualquier circunstancia, en lo más sencillo y en lo más complejo en la vida del  hombre”

 

Las citas están tomadas de “Agustín Tosco, presente en la lucha de la clase obrera”, selección de trabajos realizada Jorge Lannot, Adriana Amantea y Eduardo Sguiglia y editada en 1984

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. miguel nagel dice:

    Gracias Don Jose

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