La ficción como conjuro…árticulo periodístico sobre mi libro “Y si hubiera un cielo ? “


Domingo, 25 de marzo de 2012

La ficción como conjuro para conseguir respuestas del pasado

José Schulman estuvo detenido dos veces durante la dictadura. En el infierno de La Cuarta y Coronda conoció a militantes del norte santafesino que hoy aparecen como personajes de su libro ¿Y si hubiera un cielo?.

Varias historias de militantes del norte santafesino aparecen noveladas en el libro de Schulman.

José Ernesto Schulman es Secretario la Liga Argentina por los Derechos del Hombre que el 20 de diciembre cumple 75 años de trabajo en el país, una organización que es querellante en 70 causas de violaciones a los Derechos Humanos y que participó en 13 de los 26 juicios que se han hecho en todo el país siendo parte de quienes condenaron a 112 represores de los 170 que hoy tienen condena. Pero cuando tiene que escribir vuelca sus recuerdos en cuentos que siempre tienen un sustrato real en los que encuentra respuestas mediante el vuelo de la imaginación convirtiéndose en personaje obligado de todos sus relatos.

“Estuve preso dos veces durante la dictadura y ocurrieron cosas novelescas. La mayoría de la gente que me lee piensa que las invento de la nada, por ejemplo, yo lo conocí a Rubén [Maulín] en mi primera detención y nos llevábamos bien con el grupo de Pozo Borrado, Avellaneda y Tostado con quienes pasamos de la Comisaría IV de Santa Fe a la cárcel de Coronda y por esas razones que nadie sabe a mi me liberan en abril del ’77 y me vuelven a secuestrar en octubre del ’77 que es cuando lo conozco al ex Juez Federal, Víctor Brusa. Lo novelesco es que Rubén seguía en Coronda y la noche del 20 noviembre de 1977 alguien decide traerlo a declarar a Santa Fe, ponerlo en la cuarta y ponerlo en una celda que está al lado de la mía y me acuerdo que pregunta quién es el que está a su lado, le digo José Schulman y Rubén dice ¡Uy, la puta madre, el único que salió está preso de vuelta!, si uno lo lee dice qué recurso literario barato pero fue así”, recordó.

“En el año 2.002 –continuó- decidí escribir un libro sobre la Causa Brusa y cómo habían ocurrido las cosas pensando que la memoria era como un cuarto que uno tiene en la cabeza el cual uno abre, busca lo que necesita y lo pone en un libro, y descubrí que la memoria lejos de ser eso es algo absolutamente caprichosa que se me escapaba. Así fui empezando a escribir el libro con lo que recuerdo, del modo que recuerdo y sobre la base de ese recuerdo escribo un cuento”.

Para la construcción de sus libros, Schulman dice utilizar una técnica que extrajo de Bitácora del Almirante donde su autor, Augusto Roa Bastos, “desarrolla largamente la idea de que con documentos verdaderos se escribe la historia falsa y sólo la ficción puede contar la realidad porque él va escribir un diario ficcionado de Cristóbal Colón”. Apoyado en la técnica descrita, Schulman emprendió su primera construcción literaria pensando en el caso de Floreal Avellaneda, un joven de 15 años muerto por empalamiento [colocándole un palo por el ano hasta que el cuerpo revienta] a manos de la dictadura en 1.976 en Campo de Mayo.

“Yo quería escribir la historia de Floreal pero si me apoyaba en los documentos verdaderos tenía que decir que un día Floreal se fue de la casa, porque sólo eso dicen. Entonces me empeciné en saber qué habría pensado Floreal en su último minuto de existencia y ahí entendí que la única manera era ficcionándolo, pues, él era un joven comunista y yo lo fui, vivió la primavera camporista como yo, y sufrió los primeros ataques de la Triple A como me pasó el 05 de enero de 1.975 cuando me volaron la casa, es decir, que me podía poner en ese lugar”, recordó Schulman.

¿Y si hubiera un cielo?

“Este libro de alguna manera nació en Reconquista, en la cocina de la Asociación de Trabajadores Judiciales en el año 2.009 cuando, finalmente, se convocó a juicio oral al grupo de represores que estaba compuesto por Víctor Brusa, Eduardo Ramos, Mario José Fascino, Maria Eva Aevi, Héctor Colombini, y Juan Perizotti, y teníamos necesidad de conversar con los testigos que había propuesto para el juicio y ocurrió una escena surrealista donde un grupo de ex presos políticos cincuentones, algunos de los cuales no nos veíamos desde el ’76, se encuentran y en cinco minutos concluyen que van a testimoniar y empiezan a hacer planes como si no hubiera pasado un solo día desde el ’76. En esa tarde empecé a recuperar algunas historias que había conocido pero sobre todo la historia de dos bebés que habían sido robados por la dictadura y en la que la vida me involucró”.

Ese encuentro de testigos de una causa cuya condena en 2.009 se convertiría en paradigmática porque Víctor Brussa es el único caso registrado en el país y el mundo donde un Juez Federal es condenado por participar en sesiones de tortura, aparecerá relatado en el cuento Manuel y José, dos bebés secuestrados en el 76, donde José, un narrador omnisciente queda desconcertado ante el interrogante formulado por el Mono (otro de los personajes), que preguntaba para qué querrían tumbarlo a Brusa, “y juntos decidimos que lo que hiciéramos sería para que los jóvenes supieran por lo que habíamos luchado, no solo del por qué nos habían secuestrado”, relata el José narrador.

En tanto, el José secretario de la Liga agrega que lograron también “la primera condena contra un Juez; la primera condena contra una mujer, María Aevi; la primera condena por una violación como delito autónomo y ya no como parte de tormentos; y logramos justicia por Alicia López una maestra rural que murió, según expresa el fallo, de desagarro vaginal por violación múltiple ocasionada por los efectivos de la Comisaría IV en el patio de la seccional”.

Alba y Manuel

El cuento toma retazos de la realidad vivida por las parejas de Alba y Tito Azulay, y Rubén y Luisa Maulín a quienes la dictadura les secuestró sus hijos recuperándolos meses más tarde en un caso y 30 años después en otro.

“¡Un bebé en La Cuarta!, qué lo parió, esto no lo esperaba se dijo y trató darle ánimo a la mujer cuando se fueron todos y ella quedó en la celda de al lado. ¿Qué de dónde somos? De Reconquista y de la juventud guevarista le contó en una muestra de confianza que no esperaba. Y el bebé, preguntó él, ¿cómo se llama?, Manuel, dijo ella y él pensó en Cortazar y en que ni la novela había previsto ese final que los acosaba”, registró el José narrador y personaje, y la Alba de carne y hueso que también es Alba en el cuento recuerda que “la primera persona con la que pude conversar cuando a mi me detienen fue José”. “Él estaba en un celda de La Cuarta y yo con mi hijo Manuel que tenía un año recién cumplido. Fue la primera persona que me dio aliento y fuerza, no nos veíamos las caras pero me hablaba y yo escuchaba su voz pero sí pudo ver cuando me sacan el hijo y escuchaba mis gritos”.

“Agradezco que haya tomado la historia porque nos hace bien a los tres [integrantes de mi familia] y a través de ella se conoce lo que pasó en Reconquista porque nosotros perdimos a nuestros mejores amigos”, agregó.

Luisa y José

“(…) el Doctor se equivocó y no le dijo Luisa sino otro nombre, Cecilia le dijo. Ella se acuerda bien, el médico le dijo Sra. Cecilia Góngora de Secretín, por favor dé de mamar a su hijo, miró al nene y se fue. Fue como a las dos horas, que volvió la enfermera y le dijo que tenía que llevar a José a un control y se lo llevó. Ella no imaginaba, pero para volver a verlo tendría que esperar treinta y tres años, casi exactos. Treinta y tres años, los años que vivió Jesús; y el Che Guevara. Treinta y tres años para que el José vuelva con la Luisa y el Mono”, relata el cuento de Schulman y su amigo el Mono pero el verdadero no el del relato sino el de ahora, el de Reconquista, agradece que el reencuentro sea “en la tierra y no en el cielo” y como el personaje desea “que estas páginas las recepcionen los compañeros jóvenes”

El cielo de José

“Me afilié a la Juventud Comunista a los 15 años y a los 17 viajé a Moscú donde estudié el antidhuring y por lo tanto cuando caí preso tenía un problema y era que envidiaba a los compañeros cristianos que tenían un cielo y tenían un dios que los ayudara y yo no tenía a nadie. Tenía sí la rigurosa racionalidad que me decía que la dictadura iba a durar mucho tiempo y después cuando vieron los juicios empecé a tener problemas de dónde están los compañeros y en ese cielo que yo imagino, nuestros compañeros están celebrando con nosotros. Ese cielo lo construimos nosotros con la memoria y como dicen los chilenos, si viven en tu corazón no murieron”.

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