Ya hay quien habla por su boca muerta


  A los diecisiete años, mi padre Mauricio cruzó el Atlántico en un barco de carga escapando de la hambruna europea   eran cuatro rusitos del mismo nombre para regocijo de los discriminadores criollos que siempre nos trataron como naides por judíos, rojos y pobres.   A los dieciocho yo hice el viaje al revés […]