Imploración revolucionaria a que la derrota no nos derrote


Que la derrota no nos derrote.

El golpe de Estado en Bolivia marca un antes y un después para el movimiento popular latinoamericano.
El fascismo no avanza porque se lucha demasiado, sino porque se lucha poco; porque se sigue cometiendo el delirio (en términos psicoanalíticos, no peyorativos) de afirmar que hay una Operación Continental de Dominación, al tiempo que se convoca a la OEA, “el ministerio de Colonias” -según la llamaban Fidel y el Che- para convalidar las elecciones.

Ahora vendrán los “sabios” a explicarnos que no se debió luchar tanto ni proponer banderas tan osadas. A descalificar a cualquiera que diga que el ciclo progresista terminó hace rato y que hace falta otro modo de luchar para derrotar otro ciclo de dominación imperialista. Colonial fascista. Lejos del modelo pos dictatorial que supimos conocer.

Pero ¿por dónde empezar cuando parece que todo está perdido? Por los principios.

Ahora, que todo está en peligro y casi nada está seguro, deberemos volver a inventar un cielo rojo en el horizonte, para que las luchas tengan sentido y la esperanza no tenga la forma de una derrota menos mala.

Una vez le preguntaron al Che si para salvar la vida no se podían negociar los principios y el Comandante le respondió con un “¿para que vivir si ya no se tenían principios, ni ética?”


En 1871, cuando la derrota de la primer gran ofensiva revolucionaria, la Comuna de París, Carlos Marx escribió “La canalla burguesa de Versalles planteó esta alternativa a los parisienses: aceptar el reto y lanzarse a la lucha o retirarse sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera habría sido un infortunio mucho más grave que la pérdida de un determinado número de ‘combatientes’”.

El gobierno de Evo y sus aliados eligieron no luchar cuando el golpe de estado se consumó. Es una decisión que respetamos, pero no compartimos. Siempre es preferible luchar a no luchar. Lo supimos siempre y lo aprendimos de las Madres.

Es altamente probable que la desmoralización de la izquierda, del movimiento social y popular allanará el camino al fascismo boliviano, como no lo hizo el asesinato del Che Guevara cuya muerte parió rebeldías y las sigue pariendo.

Respetamos a todas y todos los compañeros y revolucionarias de Bolivia, pero nuestro corazón y nuestro amor están con los que ahora mismo están peleando en las calles y montañas. Ellos llevan al Che en el puño, y nosotros vamos con ellos.

Que la derrota no nos derrote.

Que no nos ocurra en ningún otro país de América Latina.
Contra el fascismo, ni un tantico así.
Solo el socialismo nos hará libres y solo los libres conquistaremos el socialismo.
Es la hora de salvar lo único que no se puede perder nunca: el cielo de la revolución y esa tarea nos corresponde a nosotras y nosotros.

Seamos libres de soñar con la revolución, lo demás no importa nada

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