Los festejos por el 60 º aniversario de la Mercedes Benz, la continuidad del nazismo por otros medios y el genocidio argentino


Con mucho brillo, la empresa símbolo del capitalismo alemán de hoy y del nazismo de los 30/40, ha celebrado los sesenta años de su presencia en la Argentina. Con la asistencia de la Presidenta de la Nación, se ha hablado mucho de cifras de producción de autos y camiones, de nuevos modelos y del gran adelanto que la empresa trajo para la zona donde está ubicada. Quisiéramos llamar la atención sobre tres hechos puntuales que no fueron mencionados ni en el acto oficial de la empresa, ni en los discursos de las autoridades nacionales, ni en los medios llamados opositores, ni en los medios llamados “militantes” u “oficialistas”: el papel de Jorge Antonio, colaborador directo –sobre todo en los asuntos económicos financieros- del mismo General Juan Domingo Perón en la fundación de la Mercedes Benz “Argentina” en el año 1951; la contratación del nazi Adolf Eichman por parte de la empresa como operario –con pleno conocimiento de su verdadera identidad- en 1959 y el rol de la empresa en los años del Terrorismo de Estado.

“Eichman vino con un grupo de 16  alemanes”, recordaba Jorge Antonio, mano derecha del Presidente Perón, quien en  1951 fundó Mercedes Benz Argentina, “Daimler me pidió darle un puesto de trabajo porque eran técnicos. Lo conocía bajo su nombre verdadero, pero no me interesaba”.  Antonio compró como testaferro  de Daimler-Benz y otras empresas 60 sociedades anónimas en la minería, el agro, inmobiliaria, con dinero que fue escondido durante la segunda guerra mundial en Suiza y que con maniobras financieras fraudulentas lograba volver el  capital otra vez al circuito productivo del consorcio.

¿Nunca se había preguntado si administraba dinero nazi? “Con nosotros, los alemanes hicieron mucho dinero”, contestó Antonio con una sonrisa, “si Usted lo llama lavado de dinero? Yo quería una fábrica de camiones y la conseguí”.

En  1955 los militares derrocaron a Perón.  Antonio fue encarcelado, su imperio intervenido e incautada toda la contabilidad. Investigaron la procedencia del capital invertido. Los jueces dictaron en su sentencia de 1957 la expropiación de sus empresas sin indemnización: “Resulta pues evidente que la interdicta [empresa] al no haber podido demostrar la existencia de la radicación del capital alemán, trata de restarle importancia a la cuestión, cuando la misma es uno de los puntos fundamentales”.   Daimler-Benz y su accionista mayoritario, el Deutsche Bank, reaccionaron. No querían perder “su” capital y se acordaron de un viejo amigo: William Mosetti. Él había vuelto después de la Guerra a Socony-Vacuum (transformada en Mobil Overseas Oil Company), cuando Daimler-Benz lo contrata, vivía en Leopoldville, Congo Belga. De ahí, lo mandaron a Buenos Aires. Y Mosetti hizo un buen trabajo. En 1959, el tribunal de apelación juzgó a favor de los alemanes. A pesar que Daimler-Benz no podía explicar el origen de sus inversiones en Argentina, esta omisión no fue – según los jueces – tan grave para legitimar la expropiación. La empresa fue condenada a pagar una multa y la fábrica de camiones abrió otra vez sus puertas. Contrataron mano de obra, entre ellos Ricardo Klement alias Adolf Eichman. El 29 de Abril de 1960, la asamblea de los accionistas de Mercedes Benz Argentina nombró a Mosetti como director General. Y doce días mas tarde Ricardo Klement no volvió a su casa. Había dicho a su mujer que tenía una reunión importante afuera de Buenos Aires. Pero como no volvió en la noche, a la mañana siguiente la mujer, desesperaba, se fue a la fábrica de Mercedes Benz y sus camaradas hicieron una “operación de búsqueda semi oficial”, como lo dice un memorando de Hanns-Martín Schleyer, ex oficial de la SS y director de Daimler-Benz. El 23 de mayo, el primer ministro David Ben Gurion declaró en la Knesset que Adolf Eichman se encontraba en detención israelí. No dijo cómo llegó a Israel ni mucho menos, cómo había llegado a la Argentina y por qué había sido contratado por una empresa alemana que conocía su verdadera identidad.

En el ciclo que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre realizó en la Esma sobre Terrorismo de Estado y Poder Económico se trató el caso Mercedes Benz; en el mismo, con el testimonio de compañeros que habían sido trabajadores de la empresa y víctimas del Terrorismo de Estado se probó que –al menos- la empresa colaboró en la desaparición de catorce trabajadores mediante la entrega de las famosas listas de militantes que caracterizaron la relación entre las grandes empresas y el plan de exterminio y la apropiación de cuatro niños (una de ellas recuperada); que la empresa proporcionó a la dictadura camiones, carriers y todo tipo de instrumental necesario para la optimización del transporte de tropas y grupos de tareas durante aquellos años, que financió puntualmente acciones de los grupos de tareas afectados directamente al accionar dentro de la empresa y que se benefició –como todo el bloque de Poder- de los cambios estructurales que la dictadura impuso, y la democracia consintió. Por ejemplo: una de las abogadas que representa a las familias y los sobrevivientes, aseguró que está probada la complicidad del gerente de la planta de González Catán, Alejandro Tomás Tasselkraut. “Tenemos probado que Tasselkraut entregó una lista para eliminar a 17 trabajadores”.
En el Juicio por la Verdad de La Plata, Tasselkraut reconoció ante el juez Leopoldo Schiffrin que la productividad de la empresa había caído un 30 por ciento por los conflictos sindicales pero que “después de un tiempo prudente esas cosas no volvieron a pasar”. “Milagros no hay”, dijo y esa fue la frase que hizo famosa la operación de disciplinamiento empresarial.

Por todo ello, la mera “celebración” del sesenta aniversario de la empresa va a contrapelo de la construcción de Memoria, Verdad y Justicia en que el pueblo argentino está empeñado y más bien se inscribe en los planes empresariales de “naturalizar” su historia, de modo tal que los procesos de concentración del capital, monopolización del mercado y generación de ganancias monopolistas se despeguen del secuestro de los compañeros, el robo de los niños, las alianzas con la dictadura militar y todo aquello que hicieron para conquistar la posición de privilegio que hoy ostentan y celebran.  Pero se equivocan al considerar que han logrado su objetivo, la lucha contra la impunidad seguirá adelante y más temprano que tarde también los grupos económicos como la Mercedes Benz y el Imperialismo alemán deberán rendir cuentas por los crímenes de allá y acá.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ivan dice:

    Me parecio muy interesante! Gracias por la informacion con tantos detalles…
    Abrazo!

    1. Lucía Gorricho dice:

      Gracias José por socializar esta información. Es muy valiosa.

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