El terrorismo de Estado como mecanismo extraeconómico de acumulación capitalista. El caso Martínez de Hoz – Acindar.


A Carlos Sosa y Tato González
por su incansable  lucha
por la unidad  popular
en Villa Constitución

«La crisis capitalista nunca es otra cosa que esto, la ruptura de un patrón
de dominación de clase relativamente estable. Aparece como una
crisis económica que se expresa en una caída de la tasa de ganancia,
pero su núcleo es el fracaso de un patrón de dominación establecido.
Desde el punto de vista del capital la crisis sólo puede ser resuelta
mediante el establecimiento de nuevos patrones para imponerlos a la clase obrera.
Para el capitalismo la crisis sólo puede ser resuelta a través de luchas,
a través del restablecimiento de la autoridad y a través
de una difícil búsqueda de nuevos patrones de dominación.»
John Holloway.   «La rosa roja de Nissan». Cuadernos del Sur Nº 7.

El Estado que organiza el Terrorismo

De tanto repetirlas, algunas palabras pierden sentido.

En los últimos años, con el fortalecimiento de la memoria y la creciente reivindicación de los militantes populares que fueron victimizados por el Terrorismo de Estado del periodo 1974/1982 y la reapertura o inicio de los juicios contra los responsables de las desapariciones forzadas, encierro en cárceles o centros clandestinos bajo condiciones inhumanas y sin justificación legal alguna y la aplicación de torturas contra casi todos ellos, los conceptos “Terrorismo de Estado”, “plan sistemático”, “delitos de lesa humanidad” o “genocidio” circulan por diversos ámbitos perdiéndose, muchas veces, el significado verdadero. Esto genera. una confusión de sentidos que tiende a reducir todo a una escena: el momento de la tortura física, y aún más estrictamente, la tortura por el paso de energía eléctrica por el cuerpo mediante picana  u otros procedimientos.

Focalizada dicha escena, se reducen los actores a dos: el torturado y el torturador. Con ello se pierde de vista el contexto local, nacional, regional y mundial. El Terrorismo de Estado se transforma en una afrenta personal, pierde el sentido histórico y habilita la venganza o la reparación individual en vez de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia que permiten la vindicación de los compañeros, y la resignificación de sus sueños independentistas y revolucionarios, que no es lo mismo ni mucho menos igual.

De hecho, en casi todos los juicios en curso, esa es la única escena que la Justicia se permite ver, negando todas las otras posibles miradas que ahora detallaremos.

Si partimos de la escena que se ha transformado en la más simbólica del periodo: la de la mesa de torturas- y abrimos el foco, nos encontramos con que la sala de tormentos estaba en un centro clandestino que a su vez podía situarse en una casa o vivienda a tal fin alquilada (por ejemplo, el Centro Clandestino de Detención y Torturas Orletti) o en un establecimiento militar (por ejemplo, el Campito de Campo de Mayo o la Esma) o en una seccional de Policía (por ejemplo, la Cuarta de la ciudad de Santa Fe ) o en cualquier establecimiento estatal (por ejemplo, la Escuelita de Famaillá o el Hospital Posadas) y aún en edificios pertenecientes a complejos industriales (como el albergue de solteros de la empresa Acindar en Villa Constitución, que funcionó como Centro Clandestino desde marzo de 1975).

Esta segunda mirada ya nos remite a un conjunto de actores que permanecían ocultos en la primera: toda la cadena de mandos militar y toda la estructura administrativa burocrática que mantenía en funcionamiento los centros clandestinos, las comisarías, las unidades militares, las escuelas, hospitales, las empresas industriales y así de seguido. Es obvio que esta mirada es incompatible con juicios por un represor para esclarecer la muerte de una compañera, tal como ocurrió recientemente en Santa Fe, donde se condenó a un represor, Mario Facino, por la compañera Alicia López, como si Facino solo hubiera sido quien capturaba a los otros compañeros (por supuesto, Alicia no estaba sola en la Cuarta), los alimentaba, los cuidaba, los trasladaba, los torturaba y ocultaba su cadáver en caso de muerte.

Pero aún podemos abrir el foco un poco más y observar la escena de la zona o región, entonces veremos que ese conjunto de personas que coadyuvaban a que se pudiera producir la escena primera (de la mesa de torturas), tenían diversas y variadas relaciones de mando, en orden ascendente y descendente, puesto que la Junta Militar organizó toda la labor del Terrorismo de una manera piramidal. De este modo, cada unidad dependía de una zona y ésta de un área, y así sucesivamente.

Pero no se trata sólo de pensar en la cadena de mando subordinada a la Junta Militar (que a su vez había subordinado a todas las fuerzas represivas estatales y paraestatales, como la Triple A de actuación desde 1974), hay que pensar en todas las instituciones estatales (hospitales, cárceles, cementerios, hogares de niños, juzgados federales, etc.) que fueron parte del sistema represivo o fueron funcionales a él. Un ejemplo de esto es el  Ministerio de Educación y Cultura que elaboraban las listas negras de la censura a maestros, profesores, artistas e intelectuales de todo tipo algunos de los cuales fueran secuestrados luego, pero cuyos responsables no solo no han sido juzgados sino que continúan fuera del debate sobre el genocidio. De igual modo los dueños de las radios y diarios que aplicaban esas listas, y sobre todo los empresarios que elaboraban listas de dirigentes y militantes sindicales que fueran uno de los insumos principales de la cacería de trabajadores.

Pero si un genocidio es el exterminio de un grupo nacional para la reorganización radical de una sociedad[1], lo más perjudicial de focalizar la atención solamente en la escena de la mesa de torturas es que se pierden de vista a los grupos económicos que se beneficiaron del Terrorismo de Estado en dos fases: la primera, de un modo directo, con toda clase de negociados y fraudes. Esto lo demostraremos puntualmente en el caso de la empresa Acindar S.A., de la que era presidente del directorio Alfredo Martínez de Hoz , desde 1968  hasta su asunción como ministro de Economía de la dictadura, siendo sucedido, nada menos, por el General Alcides López Aufranc[2] que recibió entonces toda clase de beneficios legales e ilegales.

La segunda fase, formalmente bajo gobiernos “democráticos”, los mismos grupos económicos se beneficiaron con la modificación de la legislación laboral, que destruyó muchas de las conquistas obreras del siglo XX.  También se beneficiaron con la privatización de las empresas estatales (el petróleo, el gas, siderúrgica, ferrocarriles, comunicaciones, etc.) y con todos los cambios promovidos por el recetario del Consenso de Washington.[3]

Esta segunda fase proponemos imaginarla como la de la realización del Genocidio, del mismo modo que Marx plantea la venta de la mercancía y la ganancia como momento de realización de la plusvalía pensada como una relación social de dominación en la esfera del trabajo productivo. En todo el proceso histórico, sus beneficiados, practican un sistema de alianzas y entrelazamientos ideológicos y económicos constituyen un verdadero bloque social que excede largamente la noción de “cómplices civiles” de la dictadura militar pues son los verdaderos impulsores, ideólogos, sostenedores y los primeros favorecidos por el Terrorismo de Estado, que de este modo se constituye en una herramienta de acumulación formidable, indispensable para la reformulación operada del capitalismo argentino..

Sin embargo, la mirada no sería del todo certera si no abrimos aún más el foco para comprender el rol de los gobiernos,  las acciones encubiertas de sus agencias de inteligencia y los grupos económicos de los Estados Unidos y Europa.

Ellos fueron quienes dieron asesoramiento y capacitación a los militares y aprovecharon la ocasión para producir una penetración de sus capitales, como pocas veces se había visto en la historia latinoamericana.

Lejos de las pretensiones nacionalistas llevadas al exorcismo con la Guerra de Malvinas, el periodo de vigencia del Terrorismo de Estado es acaso el de mayor perdida de independencia y autonomía en las decisiones nacionales, y no sólo en el terreno estrictamente militar o represivo sino en el de la toma de decisiones que afectaron la economía, la política, la cultura, el medio ambiente.

Si la Primera Independencia había sido frustrada por el triunfo del bloque porteño/británico que puso en marcha la República y el modelo capitalista agro exportador, la dictadura y su continuidad “democrática” nos hundieron en las “relaciones carnales”, como  escena pornográfica y decadente de una dependencia neocolonial, que ahora nos convoca a la lucha por la Segunda y Definitiva Independencia, esa de la que nos hablaba el Comandante Ernesto Che Guevara, en su Mensaje a los Argentinos del 25 de Mayo de 1963.

Sin duda, esta percepción del Terrorismo de Estado nos lleva a otra mirada sobre el Estado y sobre los cambios que éste sufre al aplicar el Terrorismo como modo de dominación y disciplinamiento social.

El Estado moderno, y sobre todo el Estado que organiza el Genocidio y el Estado post Genocidio pone de relieve la crisis del pensamiento liberal que se ha mostrado incapaz de comprenderlo, tal como se verifica en la limitación cultural del Poder Judicial argentino para juzgar el Genocidio; este Estado sólo puede ser pensado desde la tradición marxista, guevarista y gramsciana que lo entiende como un sistema de relaciones de dominación que se expresan en cierta institucionalidad, como el gobierno o el Poder Judicial, pero que también transcurre por espacios subjetivos, como la religión o el arte, y en todos ellos se verifica la disputa de proyectos y de defensa de los intereses de clase[4]

La investigadora norteamericana J. P. Mc Sherry, al presentar las hipótesis presentadas en su libro “Los estados depredadores: la Operación Cóndor y la guerra encubierta en América Latina”[5], dice que “…la guerra contrainsurgente reestructuró de manera profunda al Estado y a la sociedad (…) vinculadas de manera intrínseca a la remodelación que la contrainsurgencia hizo del sistema de gobierno, estaban el establecimiento y movilización de aparatos del Estado paralelos o en las sombras que se estructuraron para aplicar y  ampliar el poder represivo del Estado con respecto a la Sociedad…”, y que, “…los militares de América Latina que actuaron normalmente con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, derrocaron a los gobiernos civiles y destruyeron otros centros de poder democrático (partidos, sindicatos, Universidades y sectores constitucionalistas de las Fuerzas Armadas) precisamente cuando la orientación de clase de los Estados estaba a punto de cambiar o se encontraba en el proceso de cambios el poder estatal a los sectores no elitistas…Evitar tales transformaciones del Estado era uno de los objetivos claves de las elites de América Latina y los funcionarios de Estados Unidos también lo consideraban como un interés vital de la seguridad nacional.”

He aquí la clave del drama: la razón del mal que descarta cualquier banalidad.  Defender el status quo pero no para mantenerlo inalterable, sino para hacerlo más injusto, más subordinado al Imperio, más cruel y dominante en todos los sentidos y espacios sociales.

Ahora podemos decir que fue para evitar las transformaciones mencionadas que se organizó el exterminio de los militantes que sostenían proyectos políticos transformadores[6], encarnados en fuerzas políticas, sindicales, religiosas, estudiantiles, culturales y sociales, hostiles al proyecto de dominación. Esto es lo que más se visualiza del Terrorismo de Estado.

A esa función primaria (de la que habla el anexo II de Inteligencia del  “Plan del Ejército”, Contribuyente al Plan de Seguridad Nacional)[7], debemos añadirle las labores de reformulación del capitalismo, para lo cual también se debió ajustar cuentas con los sectores empresarios y del Poder que defendían el modelo vigente desde 1945, modificado parcialmente una y otra vez por presión del Imperialismo y sus socios locales, pero nunca desplazado totalmente hasta la acción de la dictadura militar de Videla y Martínez de Hoz.

Si pensamos al Terrorismo de Estado desde la perspectiva de la correlación de fuerzas generales (económicas, sociales, políticas, culturales y militares)[8] podríamos concluir que la operación contrainsurgente modificó la correlación de fuerzas en varios sentidos:

1.  entre el Poder de las clases dominantes y las clases subalternas en el plano político, cultural y militar. Lo más conocido, claro está, es el exterminio. Los treinta mil compañeros dan cuenta tanto del pavor de los miembros del bloque de poder como del nivel de desafío construido en la Argentina. Ninguna clase social o bloque asesina decenas de miles de seres humanos si no teme por su supervivencia como clase, por sus privilegios.

2.  al interior del bloque de Poder, entre las distintas fracciones que terminaron agrupándose a favor o en contra del Terrorismo de Estado. La publicidad del caso Papel Prensa alerta e ilustra sobre el uso del Terror para destruir grupos empresariales y la expropiación de unos grupos por otros[9] (los sostenedores y respaldados por la fuerza militar y el Imperio), pero sólo ilustra un fenómeno generalizado y sistemático: las acciones de Papel Prensa están tan manchadas de sangre como los papeles de la Deuda Externa, las acciones de Acindar, el City Bank o la Ford o Loma Negra o Mercedes Benz o la Shell, y así sucesivamente.

3. como una consecuencia mediata de la modificación de fuerzas entre las clases dominantes y subalternas se produjo un drástico cambio en las relaciones de trabajo, aumentando drásticamente ritmos y jornadas laborales, pauperizando las condiciones de trabajo, reduciendo salarios: aumentando la explotación y constituyendo este procedimiento, sumado al mencionado en el punto anterior, un verdadero proceso de acumulación originaria para la puesta en marcha del capitalismo neoliberal que se revelaría en toda su dimensión en los 90.  Si los treinta mil desaparecidos dan cuenta del nivel del exterminio del factor subjetivo[10], el descenso de la participación de los trabajadores en la distribución de la renta nacional, de cerca del 49% en 1974 al 30% para finales de los noventa, confirma el sentido profundo del Terrorismo de Estado: conservar el sentido de clase del Estado, para lo cual no sólo necesitaban eliminar el desafío revolucionario, sino reformular el capitalismo en un sentido aún más regresivo, inhumano, injusto e insustentable.

Los mecanismos extraeconómicos de la acumulación capitalista

No fue Fukuyama el primer intelectual orgánico[11] de la burguesía que pretendía “el fin de la historia”.

Cada vez que una clase social conquistó la hegemonía o modificó profundamente las correlaciones de fuerza, soñó con que esa situación favorable sería eterna.  La idea de que la historia se había detenido fue dominante durante el Medioevo, y cuando la burguesía llegó al poder en Europa, primero con la Gran Revolución inglesa y luego con la Revolución Francesa de 1789, proclamó a los cuatro vientos que “hubo historia, ya no la hay”.

Le tocó a Carlos Marx demostrar lo transitorio del reino burgués cuando éste apenas terminaba de triunfar en el centro del mundo y se lanzaba a la conquista neocolonial de América, Africa y Asia[12].   Para Marx, el capitalismo es una relación social basada en la violencia cotidiana y sistemática, pero esa violencia “naturalizada” tiene siempre su origen en acciones violentas que ni siquiera la historia “oficial” acepta como éticas o legales.

La doctrina oficial de la burguesía en su primera versión, el liberalismo reconoce que nada legal puede surgir de una acción ilegal y por eso el Código Napoleónico será básicamente un Manual de defensa de la Propiedad Privada; pero no puede explicar el origen de la propiedad de las familias más poderosas y los grupos empresariales que dominan el mercado.

Si la tierra estaba de antes y estaba ocupada por los pueblos originarios, ¿no es la invasión militar imperial española la base de los primeros latifundios, ampliados luego por las Campañas de Exterminio sobre los pueblos originarios al Sur del Río Colorado (las llamadas Guerra de la Triple Alianza, Campaña del Desierto, etc.), por medio de las cuales, a finales del siglo XIX, se trazaron las actuales fronteras del Estado Argentino, se expropió de sus tierras ancestrales a los pueblos originarios y se constituyó la base del modelo de desarrollo capitalista agro exportador?

Si, como dice Marx, “los métodos de acumulación originaria son cualquier cosa menos idílicos”. El proceso de acumulación originaria del capitalismo argentino y los momentos de cambio de un modelo de desarrollo capitalista son resultado del Terrorismo de Estado, de la intervención violenta del Estado en respaldo de la constitución de un grupo social en hegemónico, y por ende dominante en el plano de las relaciones entre los hombres.

La conquista del actual territorio nacional por parte del Ejercito Imperial Español fue uno de los movimientos de expansión europea por medio de los cuales se consumó la acumulación originaria que permitiera el triunfo definitivo de las relaciones capitalistas a nivel mundial, consumando –digámoslo de paso- la primera forma de globalización económica. Las Campañas contra los pueblos originarios al Sur y al Noreste del actual territorio nacional, junto con el ingreso de capitales extranjeros, especialmente británicos, resultan imprescindibles al momento de explicar el inicio del llamado modelo agro exportador, basado en el aprovechamiento por la burguesía nacional de la renta agraria diferencial (aquella que surge de poseer algunas de las praderas más fértiles del planeta), que se relacionaba de manera subordinada con la burguesía monopolista más poderosa de la época, la británica[13].

El primer golpe de Estado en nuestro país, el 6 de setiembre de 1930, la “década infame” y el golpe de junio de 1943, resultan parte de la explicación de las condiciones que permitieron reemplazar aquel primer modelo de desarrollo agro exportador por otro basado en el mercado interno, el estimulo al consumo desde el Estado, la industrialización subsidiada en función de la sustitución de importaciones, muy a tono con el Keynesianismo triunfante en los EE.UU. y Europa tras la gran crisis del 30 y la segunda Guerra Mundial[14].

Y sobre todo, esto se verifica en el reemplazo de dicho modelo por el neoliberal que anticipó la dictadura militar y desplegó en todo su esplendor el menemismo en una suerte de realización del proyecto dictatorial, acaso la forma más cabal y explícita de la aplicación de “mecanismos extra económicos” al servicio de la acumulación, la concentración y la centralización del Capital.

Acindar, la empresa del proceso que prefiguró el capitalismo argentino[15]

El 8 de octubre de 1984, pocos días después que una movilización popular acompañara la entrega del informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, un grupo de tareas tipo comando penetraba en los Tribunales de Rosario y robaba los documentos depositados allí por la delegación local de la CO.NA.DE.P.  El episodio aún sigue impune, así como los crímenes registrados en dichos documentos.

¿Qué elementos probatorios había allí?  ¿Qué tanto temor despertaban? ¿Qué los llevará a cometer semejante osadía?  Entre otras pruebas incontrastables de que una de las empresas más poderosas del país, Acindar S.A. y sus principales directivos de aquellos 20 años (Arturo Acevedo (h), Jorge Acevedo, José Alfredo Martínez de Hoz y Alcides López Aufranc en primer lugar, como  sucesivos presidentes del directorio desde 1968) están comprometidos hasta el hueso en el genocidio sufrido por nuestro pueblo.

Nueve años antes del robo de los tribunales rosarinos, el 20 de marzo de 1975, un impresionante operativo represivo se había desatado sobre la ciudad de Villa Constitución tras la denuncia del Poder Ejecutivo Nacional, encabezado por Isabel Martínez de Perón, de un supuesto complot subversivo contra la producción industrial asentada en la ribera del río Paraná, en el llamado cordón industrial, que va de Campana a San Lorenzo, según lo aseverado en el comunicado firmado en la noche del 19 al 20 de marzo por los entonces ministros: Rocamora de Interior; Benítez de Justicia; Otero de Trabajo; y Savino de Defensa.

En la madrugada del 20 de marzo, Villa Constitución fue tomada por cuatro mil efectivos de las fuerzas conjuntas de la Policía Federal, Provincial, Gendarmería y Prefectura Naval en una acción desplegada por tierra, aire y agua. Centenares de casas fueron allanadas brutalmente, más de 300 compañeros fueron detenidos y algunos quedarían presos sin causa ni proceso hasta por siete años. En esos días de terror fueron colocadas 110 bombas y asesinados 20 compañeros[16].

Veinte años después, Alberto Rocamora, el entonces inspirador principal del Operativo (que sería conocido por su nombre) presidiría, en su carácter de diputado constituyente de más edad, la sesión inaugural de la Reforma de la Constitución celebrada en la ciudad de Paraná. ¿No era acaso un símbolo doloroso y patético del sentido profundo del Pacto de Olivos que permitía la reforma?

Toda la historia de los últimos 50 años del país se podría contar tomando como eje las luchas obreras y populares de Villa  Constitución que culminan en el Villazo (16 de marzo de 1974); del Operativo Rocamora del 20 de marzo de 1975 montado para detenerlas; de la increíble subordinación del Estado (no sólo económica) a los intereses privados de los dueños de Acindar, y de su fabuloso crecimiento, desde los modestos comienzos de 1944 hasta los lugares de privilegio que hoy ocupa; de la lucha por recuperar el sindicato metalúrgico y otras organizaciones sindicales y populares de Villa Constitución después de la retirada de los militares en 1983, y del modo y las condiciones en que éstas han desplegado su actividad en estos años de “democracia” en que, por cierto, en modo alguno se cumplieron las promesas alfonsinistas de que con ella se comería, se curaría y se educaría.

Acindar acompañó la suerte de todos  los planes económicos del Poder: nació con el capitalismo distributivo del primer Peronismo (1946/1955); se fortaleció con los intentos desarrollistas de Frondizi (1958/1962) del cual su fundador Arturo Acevedo fue Ministro de Obras Públicas y de Onganía/Krieger Vasena después (1966/1968), del cual el Gerente de Finanzas Carreras fue Secretario de Hacienda; llegó a la gloria de la mano de Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía de Videla, reformuló sus negocios con los ajustes de Alfonsín (1985/1989) quién puso uno de sus hombres en la administración nacional.

Fue pionera en flexibilizar y reducir costos por el lado del trabajo con Menem (1989/1999) no pudo evitar los efectos del desplome del modelo entre 1999 y 2001. Fue entonces que la empresa símbolo de la burguesía nacional que se vendió primero a una empresa brasilera -Belgo Mineira- que fue adquirida a su vez por Arcelor –la principal vendedora de acero mundial- y ésta se fusionó con Mittal –el principal productor de acero del mundo-, con lo que paso a formar parte del principal conglomerado de acero que haya existido jamás: la trasnacional Arcelor Mittal para revivir con la entrada de China al mercado mundial como consumidora gigante de acero y subirse exitosamente al modelo pseudo desarrollista del 2002 en adelante de vender productos fabricados en pesos a precio de dólar.

Pero volvamos entonces al 20 de marzo de 1975 y retomemos la historia. Todavía era su presidente el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz y él personalmente coordina las labores de represión que había empezado mucho antes, pero que tendrían a partir de allí un salvajismo propio de los fascistas.  Desde el 10 de abril de 1975 (fecha en que cae asesinado el obrero de Acindar, Miguel Angel Lobotti) hasta fines de 1976, son asesinados 17 compañeros de los cuales 10 son obreros de Acindar y uno de Marathon, controlada entonces por Acindar.

El expediente número 1770 de la CONADEP recoge algunos de los testimonios. Uno de ellos, indica que el 18 de abril de 1975 un FIAT 1.500 y un Ford Falcon ingresaron por el camino de INDAPE (de Acindar, aceros especiales) y rondaron una casa donde se realizaba una peña. A las doce de la noche, se efectuaron varios disparos desde el Fiat 1500 que mataron al diariero Juan Ponce de León y al obrero portuario Viribay Adelaido. El 19 de abril, una marcha de obreros de Acindar sobre el centro de Villa es atacada a balazos, dos cuadras antes de la Plaza, por personal enmascarado montado en autos de la Policía Provincial. La columna obrera había sido seguida por un helicóptero de la Policía Federal, estacionado y despegado desde el helipuerto de Acindar.

Desde fines de abril del ‘75 la Federal directamente se instaló en Acindar. Tenían 70 efectivos que cumplían guardia dentro de fábrica. Entre ellos se encontraba el oficial principal Mujica que gustaba pasearse por Villa en un Peugeot sin patente, con personal de civil y un “obrero” de Acindar apellidado Ranure masivamente identificado como participante de los secuestros y asesinatos que se hacían desde el momento de la ocupación represiva del 20 de marzo del ‘75. Generalmente lo hacía en un Falcon Rural celeste metalizado que la empresa le había dado para movilizarse. Otro que era muy eficaz, era el Comisario a cargo del servicio de  Inteligencia de la Policía de Villa Constitución, Juan Carlos Rampoldi quien directamente trabajaba en Acindar (lo siguió haciendo hasta bastante después del retorno de la democracia en el ´83) y se encargaba personalmente de las “listas negras”, que aún ahora continúan vigentes.

Según varios testigos, el Peugeot del oficial Mujica fue visto el 20 de octubre del ´75 cuando secuestraron (después aparecerían muertos) a la abogada De Grandis, a Carlos Ruescas Julio Palacios, estos últimos trabajadores de Acindar. El auto era guardado en un galpón custodiado por los Federales dentro de Acindar. Allí mismo se reparaban los Falcon sin chapa, incluido uno perteneciente a la empresa blindado de color verde  que poseía sirenas y luces de patrullero. Dentro de Acindar no sólo funcionaba el cuartel de la Federal, donde se interrogaba y torturaba a mansalva, también existía un chalet dentro del barrio donde vivían los ingenieros y jefes de la empresa, que estaba en el predio de la fábrica, donde se sometía a tormentos a los compañeros. El chalet fue demolido poco antes del fin de la dictadura.

¿ No sería la prueba de estos hechos lo que buscaban quienes se llevaron los archivos de la Conadep aquel 8 de octubre del 84?

¿Cómo se puede ser tan hipócrita como para escribir, refiriéndose a los años 1974/76, como lo hace el “distinguido” miembro de la Academia Nacional de Historia y  profesor Félix Luna: “La terapia de intenso trabajo ayuda a superar el reacomodamiento a un clima de normalidad en las tareas de fábrica aunque las actividades gremiales se vean afectadas por los problemas que -debido a su militancia política- afronta la conducción de la U.O.M.?”[17].

El libro, editado en 1992 (meses después de un lockout para “racionalizar”) presenta un mito fundacional de la empresa que la presenta como “víctima” de los gobiernos “estatistas” que frenaron o impidieron su desarrollo.

Intentemos entonces un resumen de los reales mecanismos económicos de que se valió la empresa para poner el Estado a su servicio. Toda la historia de Acindar tiene un punto de apoyo esencial en la intervención estatal.

Con el Operativo del 20 de marzo de 1975 se llegaría al acto culminante pero no final.

Poco antes de que caiga Isabel Martínez de Perón, Acindar vuelve a lograr un compromiso gubernamental de apoyo irrestricto a la construcción de la Planta Integrada (su viejo sueño “independentista”, dejar de comprarle palanquilla a Somisa): el decreto 218 de enero de 1976 que autoriza su construcción y compromete avales para los créditos externos. El 18 de agosto de 1978 la Planta Integrada fue inaugurada.

En el paroxismo del intervencionismo estatal de la dictadura militar ponía fin al sueño de Savio del desarrollo independiente. “La industria del acero es la primera de las industrias -había dicho- y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella siempre seremos vasallos. La Argentina debe producir acero para poder gravitar en el concierto de las naciones concordantemente con su presente y con su futuro” .

Pero Acindar y Martínez de Hoz no sólo tenían estrechos intereses económicos propios. Tenían clara visión de los intereses de su clase a cuyo sector más poderoso estaban profundamente integrados. Los Acevedo tenían por esos años fuerte participación en el Banco Francés y en la cementera Loma Negra, ampliamente beneficiada con las “obras públicas” dictatoriales del Mundial, autopistas y construcción de vivienda. Martínez de Hoz, por su parte, articulaba los intereses de Acindar con otros grupos económicos de la envergadura de Brown-Boveri, Bract y la Banca Roberts.

Pero no sólo era su participación directa en los beneficios. Su compromiso y participación en la represión legal e ilegal se asienta en una profunda coincidencia con el proyecto de fondo del golpe del ´76 que proponía matar dos pájaros de un tiro.

Por un lado, cortar de cuajo el proceso de crecimiento de la movilización, la organización y la conciencia política que desde el ´69 en adelante no solo venía condicionando la cuota de ganancia, sino que ponía en riesgo el mantenimiento del sistema capitalista en la  Argentina.

Por otro lado, resolver, también por la fuerza política/militar, el viejo conflicto económico entre las distintas facciones de la burguesía que venían pugnando entre sí por imponer uno u otro modelo de “desarrollo” capitalista, uno u otro eje de acumulación de ganancias para la burguesía.

Lo cierto es, y las consecuencias lo confirman, que no sólo estaba en juego “un eje de acumulación de ganancias capitalistas”; que no sólo se trataba de reemplazar la preeminencia que alguna vez tuvo para la burguesía argentina el mercado interno y por ende las condiciones de vida de los trabajadores y las capas medias de la ciudad y el campo, sino que se trataba de un enfoque más global y profundo de reformulación integral del capitalismo argentino para lo cual hacía falta un nuevo modo de “disciplinamiento” de los trabajadores, puesto que era su lucha por aumentos salariales y mejores condiciones laborales la que ponía en crisis el modelo capitalista vigente (del que Acindar se había aprovechado por más de treinta años, pero que ya no le servía).

Por ello, no es por casualidad que Martínez de Hoz sería reemplazado en la dirección de la empresa por el General Alcides López Aufranc, al asumir el Ministerio de Economía de la Junta Militar encabezada por Videla. Si Martínez de Hoz iba a ser parte del gobierno que transformaría el país en una cárcel, el General Alcides López Aufranc transformaría la planta industrial en un campo de concentración, de trabajo forzado y disciplina militar simbolizada en la tanqueta que por todos esos años custodiaba la entrada de la planta industrial.

Y acaso habría que transportarse en el tiempo hasta 1991 para entender cabalmente el concepto. Si en 1978 Acindar inauguró la Planta Integrada, si luego en 1981 absorbe al grupo Gurmendi (que por ese entonces controlaba a las empresas Santa Rosa y a Genaro Grasso) desprendiéndose de cuatro mil seiscientos cuarenta trabajadores (bajó de 12.795 que tenían las cuatro empresas en el 1979 a los 4.300 que reconoce Acindar en el 1992), si se va a beneficiar de todo tipo de exenciones impositivas, avales para créditos,  estatización de deuda privada externa, tarifas subvencionadas de gas y de energía eléctrica; sería con la flexibilización y precarización laboral impuestas en 1991 que cerraría de algún modo el ciclo iniciado un 20 de marzo de 1975[18] .

El balance empresarial de 1992 informa a los accionistas la reducción de 2.000 operarios en Villa Constitución (de 3.600 a 2.300), con mantenimiento de los niveles de producción anteriores al conflicto del ´91 y una reducción general de gastos del orden del 10% [19].

Y aún más, la flexibilización impuesta recortó y relativizó la vigencia del Convenio Colectivo e impuso la polifuncionalidad de los trabajadores quedando estos a disposición casi discrecional de la empresa para la tarea, el modo y tiempo de efectuarla, abriendo paso a nuevos niveles de supe explotación generando reubicaciones y despidos masivos.

Lo que en su momento disciplinó a fuerza de tanquetas, falcón verde y la Gendarmería, ahora se impondría por medio del chantaje más brutal: “aceptación o despido”. Una vez más se adelantaba a su tiempo. Ese mismo discurso extorsivo posibilitaría que meses después se modificara regresivamente la ley de contrato de trabajo, y luego, en 1995,  el Parlamento aprobara la Ley de Flexibilización Laboral a propuesta de Menem para hacer en todos lados lo que Acindar hacía desde el 1991 en sus plantas industriales. Todos estos años, y aún ahora, Acindar ha clamado contra el “costo argentino” al que identifican con el alto costo de su mano de obra.

En un trabajo elaborado en 1985[20], habíamos logrado establecer que en una hora de trabajo, el “obrero promedio” de Acindar producía un valor equivalente a su salario mensual. En 1989, el economista Julián Lemoine publicó en el desaparecido diario Sur un extenso estudio[21] , donde logra establecer que al 19 de mayo de 1989 el costo de la mano de obra por tonelada de acero producida es de 16.7 dólares con un salario por hora (incluidas primas, insalubridad, peligrosidad, etc.) de 48 centavos de dólar por hora. Esto significaba que la productividad de ese momento era superior un 7 % a la coreana, un 42 % a la brasileña, un 59 % a la japonesa y un 85 % a la norteamericana y que la estructura de costos de la empresa era la siguiente: Incidencia proporcional de cada rubro en el costo final del producto:

Laborales 23,339 %, Materias Primas Nacionales 21,089 %,  Materias Primas Importadas 15,455 %,  Servicios Públicos 12,968 %,  Costos de producción 3,682 %,

Costos de comercialización 1,098 % ,  Amortizaciones 9,173 %  -Financiero 13,000 %,

TOTAL 100,000 %[22]

Comentando el balance de marzo de 1995, el heredero “del trono”, el Ingeniero Arturo Acevedo -nieto del fundador- explicaba[23], que habían podido superar los problemas de 1991 (los 40 días de huelga en contra de la flexibilización laboral): “De ahí en más, inauguramos una nueva relación con el gremio, de mayor comunicación sobre lo que .había que hacer en la compañía para mantenerla competitiva e insertarse en la región”. A partir de la nueva estrategia, Acindar consiguió aumentar la productividad de la mano de obra de 57/58 mil dólares anuales de facturación por empleado vigentes en 1991 a los 125/128 mil de 1995. Y aún más, se proponen duplicar nuevamente la productividad en un plazo de dos años y medio. Para 1998, cada obrero de Acindar producía por un valor de un cuarto de millón de dólares anuales y seguramente no llegaba a ganar diez mil.

La proclamada reconversión de la empresa no fue otra cosa que la reformulación de las relaciones laborales, la denominada “tecnología de gestión”, un modo algo sofisticado de la vieja manía de disciplinar a los trabajadores, si en los 70 fue con el Terrorismo de Estado,. en los 90 sería con el miedo a la desocupación y el estimulo a la ideología individualista del “sálvese quien pueda” estimulada “científicamente y con gran inversión de medios por la empresa. La flexibilización impuesta en el  ´91 era la condición para esta estrategia, así como la construcción de la Planta Integrada lo era para la de integración de la década del ´80.

Recordemos también que Acindar bajó de un total de 12.795 operarios en el momento de absorber Gurmendi, Genaro Grasso y Santa Rosa a 8.195 , ya en 1981, en una primera racionalización; luego volvió a bajar con los regímenes de promoción industrial truchos en San Luis (1985) y con la racionalización de la Planta de la Matanza en 1990 hasta 5.950, que llegó a sólo 4.300 después de “flexibilizar” Villa Constitución en el ´91/´92; a 4.000en el ´95 y proyectan tener apenas 3.000 para el ´96, por la vía de más despidos voluntarios y no reemplazar las vacantes generadas por jubilaciones.

Se desprendió nada menos que de 10.000 obreros industriales desde el momento de las absorciones/fusiones, pero siguió utilizando gran parte de esa fuerza de trabajo en condiciones de subcontratación y tercerización (con implicancias serias en las condiciones de trabajo y salarios), con lo cual el costo laboral bajó exponencialmente. .

Está clarísimo que el verdadero “costo argentino” de Acindar ha sido siempre ampliamente favorable y -que como venimos demostrando- no se han privado de ninguna acción del Estado que los favoreciera.[24]

El Operativo del 20 de marzo de 1975 no había sido la primera ni las últimas de esas intervenciones estatales que tanto le gustan al capital, pero simboliza su punto más alto y significativo: el Terrorismo de Estado como herramienta de acumulación capitalista en estado puro, al desnudo, sin los disfraces que los maquillajes del mercado acostumbrar velar. E ahí la importancia de logar Memoria, Verdad y Justicia para sus víctimas, los trabajadores de Acindar y el pueblo todo de Villa Constitución.


[1] Feierstein, Daniel, El genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia argentina, Fondo Cultura Económica, Bs. As., 2007

[2] conocido como el Zorro de Magdalena, había comandado la represión al Cordobazo en 1969 y es considerado uno de los precursores del Terrorismo de Estado

[3] El terrorismo de Estado en la Argentina. Osvaldo Bayer, Atilio Borón y Julio Gambina. Ediciones Instituto Espacio para la Memoria. 2010

[4] todo Estado es institución, parte material del Estado; todo Estado es creencia, parte ideal del Estado; todo Estado es correlación de fuerzas, jerarquías en la conducción y control de las decisiones; y todo Estado es monopolio. El Estado como monopolio, como correlación de fuerzas, como idealidad, como materialidad, constituyen las cuatro dimensiones que caracterizan cualquier Estado en la edad contemporánea”. García Linera, La cuestión del Estado, conferencia brindada en al UBA el 9 de abril del 2010

[5] ediciones de la Banda Oriental, 2009,  pagina 38.

[6] de paso, resaltemos que las luchas de los 60 y los 70 eran contra el capitalismo realmente existente por entonces; el anclado en el mercado interno, al que ahora se lo quiere idealizar como el del fifty fifty aludiendo a la participación de los trabajadores en la distribución de la renta nacional, como si no fuera terriblemente injusto que un puñado de empresarios se quedaran con el 50% de la riqueza y millones de trabajadores con la otra mitad.  Reivindicar el capitalismo de los 70 nos parece incompatible con la reivindicación de los luchadores contra ese capitalismo y por ese capitalismo, exterminados

[7]http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/document/militar/plan/plan03.htm

[8]Gramsci.  Cuadernos de la Cárcel. Notas Sobre Maquiavelo, la política y el Estado Moderno. Análisis de las situaciones. Correlación de Fuerzas  http://www.gramsci.org.ar/8/20.htm

[9] ahora se sabe que fueron casi 660 las empresas expropiadas por la Comisión encargada de tal propósito por la dictadura, a lo cual hay que sumar el proceso de fusiones y absorciones, que como en el caso de Acindar en el rubro siderúrgico, elevó notablemente el grado de concentración monopólica de la economía argentina.

[10] la conciencia de la necesidad del cambio revolucionario, la certeza de su posibilidad. Ernesto Guevara: Guerra de Guerrillas, un método. 1963. pagina 3.

[11] en el sentido gramsciano: aquel intelectual que defiende los intereses de una clase social, más allá de las fracciones o coyunturas.

[12] Para ello, se propuso demostrar los mecanismos de funcionamiento del nuevo modelo de organización social y sus investigaciones de cuarenta años las expuso en su obra cumbre El Capital.  Siguiendo el método hegeliano, primero analiza conceptualmente el funcionamiento del capitalismo y durante 23 capítulos va de la mercancía al doble carácter de la misma para seguir con el trabajo y su doble condición que le permitirá llegar a desentrañar el origen de la riqueza que no está en el intercambio ni en el comercio sino en la producción misma, en la situación de dominación social que obliga a los proletarios a trabajar un periodo de tiempo mayor al necesario para crear el valor que le será reconocido en el salario. Y de la plusvalía irá por más y más categorías que desentrañen el funcionamiento del mercado en todas sus dimensiones, pero cuando parece que todo está explicado, se para y en el capitulo XXIV dice lo siguiente:  “El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de Africa en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista….En la historia real el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia. En la economía política, tan apacible, desde tiempos inmemoriales ha imperado el idilio. El derecho y el “trabajo” fueron desde épocas pretéritas los únicos medios de enriquecimiento, siempre a excepción, naturalmente, de “este año”. En realidad, los métodos de la acumulación originaria son cualquier cosa menos idílicos… antes había afirmado que “el capital viene al mundo chorreando barro y sangre” y más adelante afirmará que la violencia es la partera de la historia en un significado mucho más complejo y profundo que la vulgata reaccionaria ha tratado de asignarle. Marx, C (1871)

[13] La burguesía británica, de larga estadía en el Río de la Plata, llegó con la invasión de 1806, y alcanzó hegemonía imperial, reemplazando al Reino de España desde finales del siglo XIX hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

[14] El keynesianismo, el “estado de bienestar”, eran la respuesta burguesa al desafío de los trabajadores en Occidente y del ejemplo de los países socialistas que mostraban otro modo de enfrentar la reconstrucción post bélica y un nivel de distribución de la riqueza y de atención a las necesidades populares que debió ser contemplada por los estados capitalistas. Pero no bien, el socialismo de Estado se desmoronó, comenzó la demolición del Estado de Bienestar de la mano del neoliberalismo de la Thatcher, Reagan y el resto del mundo.

[15] Todo este acápite está basado en “Tito Martín, el Villazo y la verdadera historia de Acindar”, ediciones Manuel Suarez, 2004, del autor y en

[16]Tito Martín, el Villazo y la verdadera historia de Acindar”. 2da edición. 2004. José Schulman

[17] Del libro «Acindar 50 años en el país y el mundo» encargado a Félix Luna y distribuido gratuitamente a los miles de trabajadores de la empresa

[18] El abogado de Acindar en las conversaciones ante el Ministerio de Trabajo cuando el conflicto con los trabajadores por la flexibilización laboral fue nada menos que el hijo de Jorge Rafael Videla (¿puede extrañar a alguien?), que aún continúa en funciones (o habría que decir “misión”?).

[19] Suplemento «Empresas y protagonistas» de Clarín del 21 de agosto de 1.992. Análisis del Balance anual. página 3.

[20] Acindar, una empresa del proceso». de José Schulman. página 28.

[21] Suplemento del diario Sur del 30 de mayo de 1989. Costos Laborales y ganancias empresariales de Julián Lemoine Informe Nº 4 : Siderurgia, metalurgia y electricidad.

[22] Ídem Julián Lemoine.

[23] Diario Clarín del 6/8/95. Suplemento Económico. Página 10

  • [24]Utilización del crédito internacional con avales del Estado. Asunción por parte del mismo de dicha deuda mediante el mecanismo del seguro de cambio. Monto de la deuda externa: 652.193.000 dólares, subsidio del 64.8 %. Cavallo prácticamente la estatizó en 1981 cuando estaba al frente del Banco Central y Alfonsín lo consideró “cosa juzgada” en 1984 asumiendo prácticamente el pago de la misma. Dicho de otro modo, la Planta Integrada y subsiguientes mejoras fueron construidas con dineros públicos. No sólo consiguió quebrar el monopolio estatal que Savio había soñado para la producción de acero, sino que consiguió que el mismo Estado (el suyo, ¿no?) se lo pague. (Todo lo que Ud. quería saber sobre la Deuda Externa. Alejandro Olmos)
  • Beneficios de los regímenes de promoción industrial. Recibió exenciones impositivas por la construcción de la Planta Integrada (monto 251 millones de dólares, aprobado en enero del ´75); por la ampliación de la planta de hierro redondo y alambrón (monto 40,4 millones de dólares, aprobado en enero de 1983); por la instalación de 12 empresas en la provincia de San Luis las cuales, por 16 años, gozaron del beneficio de no pagar I.V.A. ni por las compras ni por las ventas. Lo más cómico del asunto es que durante ese lapso haya exigido subsidios para integrar su producción y concentrarla geográficamente.
  • Gozó de créditos del BANADE (debía 231 millones de dólares a fines de 1987 que pasaron a menos de 118 millones de dólares en 1988 sin haber pagado casi nada); y de avales del Tesoro Nacional por 148, 256 millones de dólares recibidos del siguiente modo: el 9/ 1/76: 81.103 millones de dólares; el 9/1/78: 27.695 millones de dólares y el 5/6/78: 39.728 millones de dólares. Con esos dineros, durante años hizo importantes diferencias en la “bicicleta financiera”, tal como lo muestra el balance de la empresa de 1985 que revela una ganancia (expresada en pesos de entonces) de 4.446,40 millones, de los cuales 867, 5 millones corresponden a “actividades productivas (es decir, al trabajo no retribuido de los trabajadores, los cuales producían en una hora, el equivalente a su salario mensual y continuaban trabajando a ganancia de la empresa el resto del tiempo) y, nada menos que 3.378,8 millones a “utilidad no operativa” eufemismo técnico que esconde la vulgar bicicleta o especulación financiera típica de la burguesía argentina en aquellos tiempos (Balance Anual presentado a la Bolsa de Comercio correspondiente al año 1985).
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